
Un día, hace tiempo, entré en un bosque. Iba perdida, sola y quería olvidarme de lo que había fuera. Iba caminando entre los árboles, entre flores que parecían bellas de lejos y eran venenosas si te acercabas. Los mismos caminos de siempre, nada espectacular.
Hasta que de pronto, algo o alguien llamó mi atención. No sabía qué era, solo sabía que me atraía, fuí hacia él y decidí volver cada día, hasta que empezó a tomar forma y seguía sin saber bien qué era . A veces parecía un duende travieso, a veces un ángel, a veces un diablo. Pero yo ya no podía escapar de su voz que era como el canto de las sirenas, atrayente, hechizante. No podía escapar de esa luz brillante de sus ojos que me atraía como si fuera una simple polilla.
Ese ser mágico me llevó por caminos que jamás pensé que pisaría, me enseñó sitios ocultos y mágicos que nunca soñé llegar a ver. Yo le buscaba por el bosque, pero no siempre estaba, y yo le esperaba, ya me había hechizado, me había hipnotizado con su luz. Pero siempre volvía, y yo le seguía, sabiendo que a su lado estaba segura, no me daban miedo el resto de criaturas, nada malo podía pasarme en esa parte escondida del bosque a la que me había llevado.
Un día me dio una llave. Una llave que abría puertas que no me había atrevido a abrir. Una llave especial que me hacía fuerte y me daba confianza. Una llave con la que conseguí entrar donde no había podido hasta ese momento. Tan solo había una puerta que esa llave no abría, y aunque lo intenté jamás pude entrar. Y me quedé ahí fuera rodeada de extrañas criaturas que me asustaban. Monstruos que me acechaban, que me hacían sentir insegura. Seres que me envenenaban con su maldad. Pero se olvidó de darme el antídoto para ese veneno.
Yo sigo en el bosque, no puedo salir de un lugar tan mágico. Creo que me quedaré a vivir ahí. A veces me encuentro con el duende y me da pócimas que me hacen confiar en mí y seguir adelante. A veces aparece el diablo y me hace sentir vulnerable y frágil. A veces aparece el ángel, me llena de su luz, de su dulzura y me hace volar por encima del bosque, haciendo que todo se vea tan pequeño y tan insignificante que nada más importa.
Quizá algún día me dé la llave de esa puerta que no puedo abrir. Quizá no pueda abrirla nunca. Ni él con toda su magia me lo puede decir. Pero ese ser encantado se ha quedado una parte de mí que jamás saldrá de ese bosque, y que quiere permanecer allí toda su vida, para cuando aparezca y me siga entregando llaves que consiguen abrir lo inesperado y me siga llevando a lugares que se vuelven mágicos a su lado.
Esto es para tí, mi niño, porque me has dado la llave para abrir este blog y dejarte que leas todo lo que pasa por mi cabeza. Te quiero.
Seguiré escribiendo, no sé cada cuanto tiempo, pero lo haré. Para tí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario