Cuánto te echo de menos. Me mata no saber cómo estarás ni qué es de tu vida.
Igual ya estás en tu piso, por fin eh? Me gustaría haberlo visto, haberte ayudado a arreglarlo, llevarte un regalo.
Sabes? Me he comprado un vestido genial, me queda monísimo. Pero no sé cuándo podré ponérmelo. Me hubiese gustado salir a cenar una noche contigo a algún sitio especial, y que me vieras y me dijeras que estaba muy guapa. Quizá me lo hubiese podido poner para ir a cenar a tu casa, podrías haberme hecho la cena tú :) Podría haber pasado el finde allí contigo y hacer lo que me diese la gana, como te decía siempre que haría cuando tuvieses tu casa y me daba rabia que no tuvieses cuidado en la mía con algunas cosas. Esa sí que habría sido una cena especial.
Pero seguramente estarás con ella y ella sea la afortunada que lo comparta contigo.
No puedo quitarme esta tristeza de encima, por muchas cosas que haga, por mucho que salga, o mucho que me ría. La llevo pegada al corazón, y no hay manera de arrancarla.
Qué dificil ha sido volver a Peñíscola sin tí, sabiendo que no volveré contigo, que has estado ya con ella allí. No me hacía a la idea de que no estuvieras conmigo, pensaba que en cualquier momento me daría la vuelta y te vería allí. Esta vez que tenía habitación no estabas tú para ir a "echar la siesta" después de la paella. Me dolió mucho tu ausencia, de hecho tenía un dolor en el pecho continuo, que no se me pasó hasta que no llegué a casa. No pude ir al sitio que me recomendaste porque no podía imaginarte allí con ella, en un sitio que nunca compartimos y sí lo hiciste con ella. No pude.
También fue duro volver a L'Ametlla, y pasar por el mismo camino que hacíamos siempre. Pasar por esa playa del hotel en la que hace nada hablábamos bajo las estrellas. Aún te oía decir que no te arrepentías de estar allí conmigo cuando pasé por esa terraza en la que comimos chipirones y bebimos champús.
Hoy he estado bañándome en nuestra roca, esa que ahora creo que ya no te parece tan especial y tan perfecta. A mí me lo sigue pareciendo, porque sigue igual de tranquila, igual de perfecta.
Pero no había granadas de arena, ni risas, ni me cogías por la cintura para saltar las olas.
Faltaban los abrazos, tus ojos brillando al sol mientras me miraban. No me decías que tenías ganas de verme o que me habías echado de menos como hacías a veces.
Ya no hay picnics, ni cine, ni conversaciones.
Ya no estás allí conmigo. Aunque siga viéndote cada vez que voy.
P.D Si algún día entras aquí como dijiste, deja un comentario, que sepa que todo lo que te cuento no es en vano.
Hace tan solo un año hoy sería un día especial. Simplemente porque es viernes, porque iríamos a la playa y te vendrías a casa a pasar el finde. Haríamos algo el sábado, alguna excursión, o alguna salida para pasar la noche fuera. Cenaríamos en casa, o en el chino, o quizá en algún otro sitio. Después me prepararías el Cacique con cocacola y limón y acabaríamos en el sofá, o en la cama haciendo el amor. O en los dos sitios.
De hecho hace justo un año fuimos a Zaragoza, pasamos el domingo en el Monasterio de Piedra, y mucho calor. El sábado querías ir de compras, y tomar zumos, y cañas con limón en Los Espumosos. Fue un finde genial, como todos los que pasábamos fuera. Y los que pasábamos aquí.
Hoy es un día más. Un día más sin verte, un día más sin hacer nada que me parezca especial. Un día más lejos de tí.
Pero tengo que ser optimista y alegrarme de lo que tengo, y alegrarme porque esta noche me voy a cenar a la playa con mis amigos, y me reiré y me lo pasaré bien.
Y porque quizá hoy también sea un día menos. Un día menos para volverte a encontrar.
Por las que pasamos inolvidables, por las que hablamos bajo las estrellas, por las que la pasión nos volvia locos, por las que compartimos sueños, por las que fueron, y las que se han quedado por llegar...
Fue triste. Muy triste. Los dos metidos en la cama bajo el edredón para no pasar frío, y aún así no sentía nada de calor.
Tú me decías que te sentías fatal, pero que era lo mejor, que tengo que encontrar a alguien que me corresponda, que me dé lo que tú no puedes darme. Yo quería decirte muchas cosas, y no podía porque se me saltaban las lágrimas. Y tú seguías hablando, y abrazándome, y diciéndome que me ibas a echar mucho de menos, que te quedabas solo y no tendrías a nadie con quien hablar porque con nadie tienes la confianza que tienes conmigo, que no hacías todo esto para estar con nadie, que lo hacías por mí, por los dos, porque no quieres seguir viéndome sufrir por tí. Decías que no me vas a olvidar nunca, que no esté triste que seguro que todo sale bien, que un día te lo agradeceré.
Y yo me sentía fatal, tan triste, aún sabiendo que lo haces por mí, que quieres verme feliz, que no eres tan egoísta como todo el mundo ha dicho. Quizá la egoísta he sido yo por no ver que tú te sentías mal al verme así y seguir con esto adelante porque quería estar contigo. Me dices que yo no tengo que culparme de nada, que nada de esto ha sido por mi culpa, que no he hecho nada mal, al contrario, solo te he dado todo, hasta lo que nadie habría hecho por tí lo he hecho yo. Me dices que nadie te ha obligado a nada y que si has seguido conmigo es porque estabas genial, porque te lo pasabas muy bien, te reías mucho conmigo y te sentías muy a gusto. Que es muy difícil para tí también terminar con esto. Que sabes que el día que conozcas a alguien no podrás evitar las comparaciones, y dirás Sally hacía esto, Sally hacía lo otro, porque no todas las chicas hacen las cosas que he hecho yo contigo. Me dices que aunque hagas las mismas cosas o vayas a los mismos sitios no será igual, nunca será igual.
Y yo no dejo de llorar, y tú tampoco puedes evitarlo. Y nos abrazamos, y me das un beso y yo te abrazo más fuerte.
Llega el momento de irte, vamos a tu casa y no podemos despedirnos. Qué nos decimos? No sé qué decirte. Cuídate, no corras tanto por la carretera, no me olvides... Cualquier cosa ya está fuera de lugar. Dices, si cuando pasa el tiempo no has conseguido ser feliz esto no habrá servido para nada. Quiero que sirva para que los dos consigamos estar bien. Un último beso, hazme una perdida cuando llegues a casa, intenta conducir tranquila por favor.
Lo intento, miro hacia tu portal y veo que estás mirándome, que no te metes hasta que no me vaya. Sabes que es la última vez que me ves. Igual que lo sé yo, y no quiero irme. Pero al final arranco el coche y giro la calle. Y me saltan las lágrimas.
Había sido un finde como otro cualquiera, lo pasamos genial, tuvimos nuestra cena romántica, hablamos, fuimos de compras a Lérida. Curiosamente el mismo sitio al que fuimos la primera vez que salimos. Te miraba en el coche y te dije, cuánto has cambiado desde la primera vez que fuimos. Todo ha cambiado tanto.
Esta vez sabía que era la última vez que hacía el amor contigo. Y sentía tanto amor, tantas ganas de tí, tanta pena de perderte. No quería que te fueras, no quiero perder tu tacto, tus caricias. No quiero perderte.
Cuando estaba en la cocina preparando la comida, los espaguetis, mis espaguetis que tanto te gustan y que nadie hace como yo, viniste y me abrazaste por detrás. Rodeaste mi cintura y dijiste lo más bonito que he oído en tiempo: Al menos piensa que ya siempre formarás parte de mí, porque me has enseñado tantas cosas y me has cambiado tanto que ahora mi carácter es gracias a tí.
Tan solo hace unas horas que se ha ido y ya le estoy echando de menos. Creo que desde el mismo momento que ha salido por la puerta estoy haciéndolo.
No me habría separado de él en todo el día. Estoy tan a gusto pegada a él.
Me encanta abrazarle y apoyar mi cabeza en su pecho, besarle el cuello y luego los labios.
Me siento a salvo entre sus brazos, cuando estoy tan cerca que puedo escuchar su corazón, cuando su olor se queda pegado en mi piel.
Le miro y cada día me gusta más. Tengo suerte de estar con alguien que es mi ideal físicamente, que me hace reir, que me hace sentir lo bueno y lo malo con tanta intensidad.
Sé que sus sentimientos son diferentes a los míos, y eso me hace sentir tristeza, y miedo de perderle algún día. O mejor dicho, tengo miedo de cuándo llegará ese día.
Estos dos días me he sentido en una nube con él, no quería que se fuera, no quería separarme de él, sé que a veces resulto muy lapa, pero no puedo evitarlo. Necesito tocarle, sentirle cerca, acariciar su piel tan suave.
Parece mentira que después de todo aún me haga sentir tanto, aún me tenga tan loca como el primer día.
Es cuando vamos a la playa por la tarde, paseamos por el bosque y llegamos a las rocas donde está nuestra cueva. Allí nos desnudamos y nos bañamos solos.
A veces hay gente alrededor, pero muy poca, no es un sitio donde haya aglomeraciones.
Me gusta cuando me coge por la cintura para hacerme saltar las olas que estos días vienen más fuertes.
Me gusta abrazarle con los brazos y las piernas y ver cómo le brillan los ojos al sol.
Me gustan esos besos y esas palabras que se escapan en ese momento.
Y si ya vamos al cine después, la tarde es perfecta.