jueves, 29 de julio de 2010

Este dolor que no se pasa

Qué dificil ha sido volver a Peñíscola sin tí, sabiendo que no volveré contigo, que has estado ya con ella allí.
No me hacía a la idea de que no estuvieras conmigo, pensaba que en cualquier momento me daría la vuelta y te vería allí. Esta vez que tenía habitación no estabas tú para ir a "echar la siesta" después de la paella.
Me dolió mucho tu ausencia, de hecho tenía un dolor en el pecho continuo, que no se me pasó hasta que no llegué a casa. No pude ir al sitio que me recomendaste porque no podía imaginarte allí con ella, en un sitio que nunca compartimos y sí lo hiciste con ella. No pude.

También fue duro volver a L'Ametlla, y pasar por el mismo camino que hacíamos siempre. Pasar por esa playa del hotel en la que hace nada hablábamos bajo las estrellas. Aún te oía decir que no te arrepentías de estar allí conmigo cuando pasé por esa terraza en la que comimos chipirones y bebimos champús.

Hoy he estado bañándome en nuestra roca, esa que ahora creo que ya no te parece tan especial y tan perfecta. A mí me lo sigue pareciendo, porque sigue igual de tranquila, igual de perfecta.

Pero no había granadas de arena, ni risas, ni me cogías por la cintura para saltar las olas.

Faltaban los abrazos, tus ojos brillando al sol mientras me miraban. No me decías que tenías ganas de verme o que me habías echado de menos como hacías a veces.

Ya no hay picnics, ni cine, ni conversaciones.

Ya no estás allí conmigo. Aunque siga viéndote cada vez que voy.


P.D Si algún día entras aquí como dijiste, deja un comentario, que sepa que todo lo que te cuento no es en vano.

No hay comentarios: